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El tema de la maternidad y paternidad no compartida se está debatiendo cada vez más en los medios de información rusos. Hay algunos que creen que las nuevas posibilidades de ser padre o madre que se abren para las personas sin pareja gracias a las técnicas de reproducción asistida, incluida la maternidad subrogada, atentan contra los valores tradicionales de la familia. A este tema palpitante está dedicado el comentario de octubre de Konstantín Svitnev, el Director General de “Rosjurconsulting, S. L.”.
Paternidad y maternidad no compartida
Es obvio que en el mundo de hoy va cambiando el paradigma mismo de familia, vinculado tradicionalmente con el matrimonio. Los conceptos de familia, amor, matrimonio y procreación que nunca han sido idénticos ahora divergen aún más.
Por la naturaleza misma los seres humanos están orientados a tener descendencia, pero en el mundo actual la función procreadora se ve determinada socialmente. Hay un gran número de personas con limitadas capacidades reproductivas. Para muchas de ellas –aquellas que aún no han encontrado a su media naranja– las técnicas de reproducción asistida, incluyendo la maternidad subrogada, son la única posibilidad de tener hijos.
En tanto, el derecho a la procreación es un derecho fundamental, natural e inalienable que corresponde por igual a todas los individuos indistintamente.
Hoy se habla mucho de valores tradicionales de la familia. Por supuesto, nadie pone en duda lo evidente: de veras, dos por dos son cuatro. Pero al mismo tiempo se olvida que, a diferencia del matrimonio formal o concubinato, el nacimiento de un hijo funda una auténtica familia, esa estructura vertical en la que se sostiene la continuidad de la vida y el desarrollo sostenible de nuestra sociedad. Es precisamente el nacimiento de un bebé lo que convierte a un hombre o una mujer sin pareja en una familia, cambia radicalmente su actitud hacia la vida y hasta toda su vida mejorándola.
Ahora todos los que anhelan tener hijos pueden hacer realidad su ilusión mediante técnicas de reproducción asistida. ¡Pues, magnífico! El nacimiento de un niño, incluso si ha sido concebido de una forma algo rara y tiene un solo progenitor, es un bien absoluto. Lo principal es que ha nacido y le está garantizado el afecto de su padre o madre. Cada niño es un don inapreciable, es una posibilidad única para mejorar nuestro mundo.
Actualmente las calles de Moscú se adornan con losas rayadas de color amarrillo necesarias para los peatones con problemas de vista, las estaciones del metro se equipan con ascensores especiales, se construyen rampas de acceso para los discapacitados en sillas de ruedas. Por fin nuestra ciudad se vuelve de cara a aquellos que son más débiles. Ello es un factor “irritante” para los insensibles, los minusválidos morales con limitadas capacidades de compadecer. Ellos, jóvenes y sanos, AHORA MISMO no lo necesitan. Pero esas mejoras les hacen falta a otras personas, a la sociedad en general. Los discapacitados con problemas de movilidad tienen el pleno derecho a la libre circulación y nuestro deber es no impedírselo, encerrándoles entre cuatro paredes, sino crearles condiciones adecuadas.
Igualmente, las personas con problemas de fertilidad gozan del mismo derecho a la procreación que todos nosotros, y en vez de condenarles a morir en soledad darles todo nuestro apoyo en esta empresa útil para todos.
¡Que Dios les ayude!
Konstantín Svítnev
Moscú: +7 495 225 5595, San Petersburgo: +7 812 448 4717, Email: info@jurconsult.ru